El primer recorrido nos mostró una ciudad de contrastes, rascacielos impresionantes, de vidrio y acero, elegantes porteros y coches (Javi quiere la mitad de los coches de la ciudad, sin duda después del Tesla, "aplauso para Tesla (bromita de Javi))" y por otro lado homeless que parecen desaparecer en el entorno, nadie los mira y ellos no miran ni piden a nadie sólo caminan con su casa a cuestas.
Dejando tras nosotros los rascacielos llegamos a los muelles, el sonido del mar, gaviotas, barcos y turistas llenan el comienzo del día. Sentados en un banco vimos un león marino, la amiga de Javi que nos persigue desde ayer, según dice él.
Al llegar la hora subimos al barco que nos llevaría a Alcatraz, a la ida disfrutamos de la isla y la bahía, a la vuelta de la ciudad. Imposible decir qué vista era mejor.
El primer pensamiento al llegar a la isla es "que cerca y que lejos a la vez", solo 2 km la separan de la costa y el día a día perdido es suficiente castigo para los presos que allí cumplían su pena. Lo segundo que llama la atención es la cantidad de aves que hay por todas partes, los animales pueden disfrutar sin quitarles la libertad... No hay depredadores para ellos allí. Campan a sus anchas.
La cárcel mereceria un capítulo a parte pero podríamos resumirla como bonita para los que la cuidaban y terrible para el condenado.
Al volver de la isla, aun con el olor a salitre en el cuerpo decidimos subir a un mirador, yo y mi súper resistencia física lo llevamos estupendamente (ironía on), pero la recompensa fue la mejor comida para vacas del viaje (ironía off) la mejor ensalada del mundo mundial, aunque Javi no puede opinar eso de la mía, llena de maíz/millo, aguacate, champinoñes... Bufffff.
Después del mirador fuimos a North Beach o Little Italy, un precioso barrio de casitas bajas pero con encanto, y a chinatown donde los souvenirs ejercieron una atracción fatal sobre nosotros.
En Union Square visitamos el Apple Store y después cogimos un tranvia histórico que nos llevó hasta el muelle, de pie en la parte posterior vimos como íbamos dejando las calles bajo nuestros pies sintiéndonos como en una de las muchas películas basadas en las ciudad.
El muelle (Pier 39, Fisherman Warf) es bonito y artificial a la vez, parece un pequeño parque de atracciones donde todos los turistas nos encontramos al anochecer, pero tiene una de las mejores cosas de la ciudad, un muelle lleno de leones marinos cariñosos pero territoriales ya que tienen mil sitios y ellos deciden estar todos juntos y aplastados, peleándose entre ellos y durmiendo unos encima de otros.
A partir de ahí nada más, excepto el viaje de vuelta que le dí a Javi, cantando canciones religiosas muy actualizadas para evitar quedarme dormida mientras él conducía.








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